Cada jornada de la Liga Promerica produce mucho más que goles, resultados y movimientos en la tabla de posiciones. Alrededor de los clubes también se construyen identidades, se reúnen familias y se generan conversaciones sobre convivencia, inclusión y oportunidades para las nuevas generaciones.
El campeonato de Primera División no administra todos los proyectos sociales relacionados con el fútbol costarricense. Sin embargo, su alcance mediático y la conexión emocional de los equipos con sus comunidades lo convierten en una plataforma capaz de amplificar iniciativas que buscan utilizar el deporte como herramienta de transformación.
Más que atribuirle exclusivamente el desarrollo de los territorios, la Liga Promerica debe entenderse como uno de los principales puntos de encuentro entre clubes, aficionados, patrocinadores, instituciones públicas y organizaciones sociales.
Una plataforma nacional con respaldo hasta 2030
La relación comercial entre la Unión de Clubes de Fútbol de la Primera División —UNAFUT— y Banco Promerica comenzó en mayo de 2019. En septiembre de 2024, ambas organizaciones anunciaron la extensión del patrocinio hasta junio de 2030.
El acuerdo ofrece continuidad a la denominación Liga Promerica y fortalece la estructura comercial del principal campeonato de clubes del país. Según las organizaciones involucradas, la alianza también busca mejorar la interacción con los aficionados y generar beneficios para los equipos participantes.
La estabilidad de un patrocinio de largo plazo puede facilitar la planificación de iniciativas relacionadas con la experiencia de los seguidores, el posicionamiento de los clubes y la promoción del talento nacional.
No obstante, el verdadero alcance comunitario dependerá de que esa exposición se traduzca en programas permanentes, alianzas locales y oportunidades concretas para las poblaciones vinculadas con cada institución deportiva.
Los clubes como símbolos de identidad comunitaria
En el fútbol costarricense, los equipos representan algo más que una organización deportiva. Para muchas personas son una extensión de su cantón, provincia o comunidad de origen.
Los colores, los estadios, las tradiciones familiares y las historias transmitidas entre generaciones fortalecen un sentido de pertenencia que difícilmente puede explicarse únicamente desde el rendimiento competitivo.
Esta identificación territorial ofrece a los clubes una oportunidad, pero también una responsabilidad. Las instituciones pueden aprovechar su influencia para promover conductas positivas, rechazar la discriminación y convertir los partidos en espacios más seguros para toda la afición.
Uno de los ejemplos más visibles ha sido la campaña “Respeto: No al Racismo”, desarrollada con participación de UNAFUT, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y organizaciones vinculadas con la población afrodescendiente.
Durante diferentes ediciones de la iniciativa, jugadores y capitanes de los clubes de Primera División han utilizado las jornadas del campeonato para enviar mensajes contra el racismo y cualquier forma de discriminación.
La importancia de estas campañas no radica solamente en la exposición de un mensaje antes de un partido. Su valor está en aprovechar la atención que genera el campeonato para promover cambios culturales entre aficionados, dirigentes, futbolistas y futuras generaciones.
El fútbol como herramienta de integración social
El potencial comunitario del deporte se observa con mayor claridad cuando la práctica deportiva se conecta con programas educativos, acompañamiento psicosocial y participación local.
El proyecto Comunidades Activas, impulsado por el Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación, utiliza la actividad física, el deporte y la recreación para atender poblaciones en riesgo social de cantones rurales, costeros y fronterizos.
Su plan piloto contempló 16 cantones, con dos o tres sesiones semanales y la participación de equipos multidisciplinarios encargados de abordar problemáticas como la violencia doméstica, la deserción escolar, la drogadicción y las barreras económicas que enfrentan las mujeres.
También existen experiencias provenientes de organizaciones independientes. La Fundación Fútbol por mi País informó en 2025 que trabajaba con más de 700 participantes distribuidos en ocho comunidades costarricenses, mediante una metodología centrada en el deporte para el desarrollo y la formación de líderes locales.
Por su parte, el programa Valores Saprissa atendía en 2022 a 615 niños, niñas y jóvenes nacionales y migrantes mediante escuelas de fútbol, según información divulgada por la Organización Internacional para las Migraciones.
Aunque estos programas no son administrados directamente por la Liga Promerica, demuestran que los clubes, exfutbolistas, instituciones y organizaciones sociales pueden aprovechar el poder de convocatoria del fútbol para intervenir positivamente en las comunidades.
Infraestructura deportiva para descentralizar oportunidades
El desarrollo del talento local también depende de la existencia de canchas, gimnasios, iluminación y espacios seguros para entrenar.
Un precedente importante fue el anuncio de una inversión de ₡1.279 millones en infraestructura deportiva para la provincia de Cartago durante el periodo 2020-2022. El plan contemplaba proyectos en Cot de Oreamuno, Orosi y Turrialba, así como mejoras en gimnasios, piscinas y parques biosaludables.
Este tipo de inversión muestra que el desarrollo deportivo no debe concentrarse únicamente alrededor de los principales estadios del Valle Central. Las comunidades necesitan instalaciones accesibles que permitan descubrir y acompañar talento desde edades tempranas.
La experiencia de los clubes profesionales podría complementar ese esfuerzo. Las organizaciones de Primera División conocen los territorios donde captan futbolistas, mantienen vínculos con ligas menores y poseen estructuras que podrían colaborar con municipalidades, centros educativos y comités cantonales de deportes.
Esa articulación permitiría que la construcción de infraestructura no se limite a la obra física, sino que esté acompañada por programas de formación, mantenimiento y uso comunitario.
El talento joven conecta a las comunidades con la élite
Una de las contribuciones más visibles del campeonato nacional es ofrecer una ruta competitiva para futbolistas procedentes de distintas regiones del país.
Antes de llegar a la Primera División, muchos jugadores atraviesan procesos en escuelas de fútbol, ligas menores, torneos regionales, equipos de Linafa y clubes de la Liga de Ascenso. Cuando logran consolidarse en la máxima categoría, sus historias se convierten en referentes para jóvenes de sus comunidades.
UNAFUT también ha desarrollado espacios complementarios de formación. En octubre de 2024 informó que promesas de la Liga ULatina participaron en entrenamientos con la Selección Mayor de Costa Rica, una experiencia destinada a acercar a futbolistas jóvenes a entornos de alto rendimiento.
La exposición por sí sola no garantiza una carrera profesional. El proceso requiere entrenadores capacitados, acompañamiento familiar, educación, atención médica y estructuras que protejan al deportista durante su formación.
Sin embargo, la existencia de un campeonato nacional visible permite que el talento surgido fuera de los principales centros urbanos encuentre una vitrina para avanzar y proyectarse.
FIFA Arena amplía el acceso al fútbol base
La inauguración del proyecto FIFA Arena en Costa Rica durante febrero de 2026 abrió otra posibilidad para acercar infraestructura deportiva a poblaciones jóvenes.
Las primeras minicanchas fueron instaladas en Grecia y Santa Cruz de Guanacaste. Según la Federación Costarricense de Fútbol, alrededor de 2.000 niñas y niños de escuelas, clubes juveniles y comunidades cercanas podrían beneficiarse de esas instalaciones.
El proyecto también contemplaba ampliar su presencia hacia cantones como Upala, Turrialba y Aserrí.
FIFA Arena es una iniciativa de la FIFA y la Federación Costarricense de Fútbol, no de la Liga Promerica. No obstante, representa una oportunidad para construir conexiones entre el fútbol base y los clubes profesionales.
Visorías, festivales deportivos, capacitaciones para entrenadores y visitas de futbolistas de Primera División podrían ayudar a que estas canchas se conviertan en verdaderos centros de participación comunitaria y no solamente en infraestructura aislada.
Una oportunidad para producir impacto medible
La UNESCO ha promovido en América Latina una red de ciudades y gobiernos locales que coloca el deporte dentro de las políticas de desarrollo sostenible.
Entre sus principales ejes se encuentran la inclusión social, la reducción de desigualdades, la equidad de género, el bienestar físico y mental, la medición del impacto y el retorno social de la inversión deportiva. San José y Belén han figurado entre las ciudades costarricenses participantes.
Estos criterios también podrían aplicarse al fútbol profesional.
Para conocer el verdadero impacto de la Liga Promerica en las comunidades sería necesario medir aspectos como la participación infantil, el acceso de las mujeres al deporte, la generación de actividades económicas alrededor de los estadios, la recuperación de espacios públicos y el alcance de las campañas sociales.
La popularidad del campeonato ofrece una plataforma privilegiada. El desafío consiste en convertir esa atención en acciones permanentes, transparentes y evaluables.
Más que 90 minutos
La Liga Promerica no puede resolver por sí sola las desigualdades territoriales ni las limitaciones que enfrenta el deporte costarricense.
Su principal fortaleza está en otra parte: reúne a miles de personas alrededor de una pasión compartida y ofrece a clubes, patrocinadores e instituciones una vitrina de alcance nacional.
Cuando esa visibilidad se conecta con infraestructura, formación juvenil, campañas contra la discriminación y proyectos comunitarios, el fútbol puede trascender los 90 minutos.
El desarrollo local no se construye únicamente con victorias o campeonatos. También se fortalece cuando una cancha se convierte en un lugar seguro, un club representa dignamente a su comunidad y una nueva generación encuentra en el deporte una oportunidad para crecer.
Más historias